

(A. J. U. Melita)
Alejandra Ulloa
“Antes de la peluca, antes de la casaca
Fueron los ríos; ríos arteriales
Antes de la peluca, antes de la casaca
Fueron las cordilleras en cuya onda raída
El cóndor o la nieve, inmóviles estaban
Antes de la peluca antes de la casaca
Fue la fuerza del trueno,
Sin nombre todavía”
(Estracto)
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Con el paso de los años, la conciencia desarrollada debido a la latente desaparición de la cultura y la tradición que afecta a las minorías indígenas, en consecuencia de la constante segregación que estos padecen, ha desencadenado variados cuadros de discusión.
Si bien algunos sostienen que en Chile no se discrimina a las minorías, dando como hecho una postura abierta del sistema político y social para la plena integración de estas, como es el caso del cientista político Andrés Benavente (El Mercurio, 2 de enero 1998), cabe preguntarse a qué nos referimos con “plena integración”, ¿Se incluye, acaso, en este concepto de “sistema político y social abierto”, en este “proyecto de integración”, la dificultad que se presenta a los indígenas para encontrar trabajo, fundada en la frase; “buena presencia”, que mas bien, quiere decir “blanco”?
¿Puede sostenerse una “postura abierta”, si por una inconsecuente visión social un indígena no puede vestirse con sus atuendos salvo en ceremonias especiales y si aun en esta situación es ridiculizado por su aspecto?
Pese a que cada vez es mayor la defensa que se les intenta dar a estas minorías, difícilmente podemos hablar de una “plena integración”, partiendo del hecho que nuestro calendario de efemérides deja casi completamente de lado el sustrato que los pueblos indígenas son capaces de entregar a nuestra cultura.
Intentamos comprender nuestra vida, su sentido y cuando más hay en el universo de nuestra existencia, mas ¿es esto posible si nos olvidamos de nuestro origen?, ¿podemos sentirnos íntegros, completos, siendo incapaces de asumir una pieza del complejo y hasta “infinito” rompecabezas de nuestra historia?
Reconociéndonos un país marcado en lo más profundo y quizás, también, lo más oculto, por los pueblos indígenas, por el mestizaje con estos, en vez de valorar esa capacidad inherente de síntesis que se infiere de la combinación de tantas y tan variadas culturas, nuestra visión más que analítica se torna ignorante al descartar una de las partes de esa totalidad que intentamos comprender.
Es por esta conciencia, por esta “ave de plumas de oro” que se une al vuelo de otras intentando mirar de forma distinta, más completa, tal vez, fijando objetivo en lo más alto, por tanto, lo más inconcreto, inestable, pero libre, para luego precipitarse y encontrarse cara a cara con el suelo, con la tierra, que antes de partir el vuelo, anido su despertar, que estas vanas palabras buscan dar, en su insuficiencia algo del homenaje que merece la sangre de nuestra sangre, la esencia de nuestra esencia.
Si bien algunos sostienen que en Chile no se discrimina a las minorías, dando como hecho una postura abierta del sistema político y social para la plena integración de estas, como es el caso del cientista político Andrés Benavente (El Mercurio, 2 de enero 1998), cabe preguntarse a qué nos referimos con “plena integración”, ¿Se incluye, acaso, en este concepto de “sistema político y social abierto”, en este “proyecto de integración”, la dificultad que se presenta a los indígenas para encontrar trabajo, fundada en la frase; “buena presencia”, que mas bien, quiere decir “blanco”?
¿Puede sostenerse una “postura abierta”, si por una inconsecuente visión social un indígena no puede vestirse con sus atuendos salvo en ceremonias especiales y si aun en esta situación es ridiculizado por su aspecto?
Pese a que cada vez es mayor la defensa que se les intenta dar a estas minorías, difícilmente podemos hablar de una “plena integración”, partiendo del hecho que nuestro calendario de efemérides deja casi completamente de lado el sustrato que los pueblos indígenas son capaces de entregar a nuestra cultura.
Intentamos comprender nuestra vida, su sentido y cuando más hay en el universo de nuestra existencia, mas ¿es esto posible si nos olvidamos de nuestro origen?, ¿podemos sentirnos íntegros, completos, siendo incapaces de asumir una pieza del complejo y hasta “infinito” rompecabezas de nuestra historia?
Reconociéndonos un país marcado en lo más profundo y quizás, también, lo más oculto, por los pueblos indígenas, por el mestizaje con estos, en vez de valorar esa capacidad inherente de síntesis que se infiere de la combinación de tantas y tan variadas culturas, nuestra visión más que analítica se torna ignorante al descartar una de las partes de esa totalidad que intentamos comprender.
Es por esta conciencia, por esta “ave de plumas de oro” que se une al vuelo de otras intentando mirar de forma distinta, más completa, tal vez, fijando objetivo en lo más alto, por tanto, lo más inconcreto, inestable, pero libre, para luego precipitarse y encontrarse cara a cara con el suelo, con la tierra, que antes de partir el vuelo, anido su despertar, que estas vanas palabras buscan dar, en su insuficiencia algo del homenaje que merece la sangre de nuestra sangre, la esencia de nuestra esencia.







